Esto que se levanta una noche el niño a las dos de la madrugada, que quería picar la pared como su padre (estábamos de obras). Después del berrinche que me montó y lo increíblemente tozudo que es, no tuve más remedio que darle el pico y la maza y... a picar.
Y yo rezando para que no subiese un vecino.
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